HomeRevistaDebateDiscurso literario y pensamiento crítico

Hilda Varela-Barraza 1, Miguel Escobar-Guerrero 2

 

Resumen: Se aborda una experiencia educativa innovadora, basada en el discurso literario como mediación para la lectura de la realidad en el salón de clases. Con la finalidad de estimular el pensamiento crítico entre estudiantes, en torno a la realidad en la que están inmersos, como punto de partida se plantea la pregunta de si puede haber paz y justicia social cuando se ejerce violencia (física, psicológica y/o estructural) en contra de las mujeres.

Palabras clave: Experiencia Educativa Innovadora; Mediación; Discurso Literario; Violencia Contra las Mujeres.

 

 

El discurso literario como mediación

El análisis crítico del discurso está orientado al surgimiento del conocimiento crítico en torno a las dimensiones discursivas de problemas sociales – como la discriminación – en el que se subraya el poder de las palabras, pronunciadas en forma oral y escrita, tomando en cuenta el contexto sociopolítico en el cual han sido formuladas y en el que son difundidas. Los discursos implican “estructuras de dominio, discriminación, poder y control” (Huckin, Andreus, y Clary-Lemon, 2012, pp. 109, 111), pero también de denuncia y en favor de proyectos de emancipación. 

Aunque en ese enfoque se destaca el análisis de la lingüística y de la semiótica, en la medida en que es concebido en su dimensión histórica, con el análisis de problemas sociales (como el patriarcado), en esta experiencia de educación innovadora el discurso literario funge como mediación entre el texto y la realidad social. Explicar cómo los discursos pueden pronunciar una realidad “ignorada” es una tarea que estimula el pensamiento crítico, vinculado con la búsqueda de justicia social y la desmitificación de los discursos dominantes.

En las experiencias educativas juegan un papel fundamental las palabras, articuladas en formas discursivas orales y escritas. En el campo de la política, Martin (2005) sostiene que para debatir y actuar en forma colectiva es indispensable comprender los significados y usos de las palabras como, por ejemplo, justicia, la cual puede asumir significados diferenciados en contextos y momentos históricos diversos. De acuerdo con Martin, por discurso se entienden distintos sistemas de símbolos usados para describir el mundo que nos rodea y que posibilita la comunicación.

Este escrito tiene como fundamento una experiencia de educación alternativa en el salón de clases universitario 3, que busca fomentar el pensamiento crítico de las y los estudiantes, en un trabajo colectivo, orientado a la lectura de sus vivencias educativas, insertas en un contexto cultural y sociopolítico especifico. En un enfoque interdisciplinario, esta experiencia está basada en distintos aportes teórico-analíticos del psicoanálisis sociopolítico (Fernando Martínez Salazar, Roger Dadoun) y del pensamiento crítico de Paulo Freire. A partir de estos fundamentos, se propicia el análisis de su práctica educativa, por un lado, con la discusión de algunos intentos para rehacer el mundo, con el cuestionamiento del discurso patriarcal. Por otro lado, con base en los discursos literarios como formas de mediación socialmente construidas, para elaborar categorías histórico-analíticas para la lectura de su realidad educativa.  

El discurso literario ha formado parte de esta experiencia educativa, con la finalidad de estimular la imaginación y la capacidad analítica de las y los estudiantes en torno a problemáticas concretas, tomando en cuenta que el discurso literario – biográfico o imaginativo – se nutre de prácticas sociales. El gran problema es que, por lo general, los estudiantes que participan en este proceso han sido formados en el campo de la pedagogía tradicional y experimental y en la transmisión de saberes. Sin estar acostumbrados a leer literatura, para la mayoría la relación entre texto y contexto es otro saber desvestido de prácticas concretas. 

Aquí se aborda una experiencia compleja de educación alternativa en proceso, cuya finalidad es estimular el pensamiento crítico entre las y los estudiantes, acercándolos a la literatura. Era importante descubrir un tema con el cual pudiesen identificarse y, al mismo tiempo, despertar su interés en lo que implica la mediación socialmente construida, que los desconecta de la realidad, y en su capacidad para transformar su práctica educativa. El tema del patriarcado surgió debido a que son las estudiantes las que más participan. Denuncian su situación de opresión social, rompiendo el silencio al que han sido sometidas a partir de una falsa identidad de género (“la mujer calla y soporta”).

Este trabajo consta de cuatro apartados. El primero, en torno a los conceptos de mediación y de patriarcado. En el segundo se explica la propuesta metodológica de la experiencia de educación alternativa. En la tercera, a manera de ejemplos, se presentan brevemente algunas vivencias concretas cimentadas en el cuestionamiento del discurso patriarcal (intentos para rehacer el mundo). En la cuarta se aborda el vínculo entre el discurso literario y la práctica educativa, mencionando algunos conceptos que pueden ser construidos a partir de los aportes de literatos – mujeres y hombres – como mediación socialmente construida para la lectura crítica de la realidad en las sociedades del siglo XXI. Al final se plantean las conclusiones.

 

La mediación frente a la opacidad de la realidad 

A pesar de que una corriente del análisis crítico del discurso plantea que las relaciones estructurales pueden ser transparentes (Huckin, 2012, p. 108), la realidad no es transparente y no es apreciable a simple vista. En la lectura de la realidad es fundamental entender el significado profundo de la mediación, en cuyo contexto la madre juega un papel básico en las primeras fases de la vida. Al nacer, la mediación es esencial para el cuidado y conexión del niño/niña con su mundo, la familia y la sociedad. La mediación de la madre – real o sustituta – es insustituible. El psiquiatra y psicoanalista Fernando Martínez (Escobar, 2012) estudió su importancia y los daños y efectos en el crecimiento del infante cuando es ignorada, despreciada o cuando se le asignan interpretaciones falsas. Martínez analizó los efectos psicóticos de una mediación deficiente y con consecuencias a nivel sociopolítico. Martínez Salazar (2001) planteaba:

Cuando la madre no es capaz de cumplir con esas funciones de contención de la angustia de muerte y de mediación entre la realidad externa y el niño recién nacido, […] estamos frente a una madre esquizofrenizante, pues de esta manera, ella dejaría de promover el desarrollo emocional del hijo, prolongando la condición de escindido en este último y, esa condición […] acabaría siendo la base de un padecimiento esquizofrénico. Y, esquizofrenia significa, entre otras cosas, la desconexión del individuo de la realidad externa. Para el esquizofrénico, dice Klein, el mundo es un útero poblado de objetos peligrosos, y él vive aterrorizado […].

A la mediación de la madre – que puede ser considerada como natural – en la primera fase de la vida, se suman otras formas de mediación socialmente construidas, ejercidas a través de distintos medios, como la familia, la educación escolarizada, las religiones y los medios masivos de información (MMI), entre otros. 

Desde finales del siglo XX, el proceso histórico y complejo conocido como globalización se convirtió en el rasgo más distintivo para intentar dar sentido a las intrincadas realidades que se registran en las distintas sociedades. Muchas veces percibido como una noción vaga y a veces vacía de realidad, a la sombra del discurso dominante y asociado con transformaciones mundiales, los MMI propiciaron una forma de desconexión de la realidad, al identificar el proceso de globalización como un fenómeno básicamente económico y políticamente “neutro”,  impulsado por fuerzas de mercado y por avances tecnológicos – con impacto en todos los ámbitos sociales, incluida la educación –, lo que supuestamente favorecería, a largo plazo, la convergencia de las distintas sociedades, con el surgimiento de valores, ideas, preocupaciones, conocimientos e instituciones mundiales cimentados en un neoliberalismo triunfante. Con esos criterios despolitizados, emergió la competitividad económica – basada en el incremento de la eficiencia de la producción y en la distribución de bienes y servicios – como “justificación” para la indiferencia ante las desigualdades y la ausencia de justicia social global. Ante la fascinación que despierta la globalización, se volvieron más imperceptibles las consecuencias del patriarcado: las mujeres, “entrenadas” para “tareas propias de su género” (sic.), no son “competitivas” en el ámbito de economías globalizadas.

El discurso de la competitividad nos convirtió en datos estadísticos, con el poder del dinero como rector del mercado y con las leyes de oferta y demanda como una “fuerza divina”, acentuando la cosificación – distintiva del capitalismo – de sociedades y de seres humanos. Adquirieron nueva fuerza mediaciones deficientes, socialmente construidas para legitimar el discurso “neutro” de la competitividad, con la desconexión de una realidad globalizada que acentúa el impacto de estructuras de explotación, incluidas las patriarcales. 

Esas medicaciones tienden a inhibir el pensamiento crítico. No obstante, es importante tomar distancia de los discursos dominantes, que como sistemas de poder son históricos y pueden ser cuestionados, propiciando cambios en valores y estructuras sociales. En este sentido, es importante analizar cómo, a pesar de todo, han surgido movimientos que enfrentan esos discursos. Ya en 1957, Albert Camus, al recibir el premio Nobel de Literatura, afirmaba que cada generación está destinada a rehacer el mundo: su generación no pudo hacerlo. 

La mayoría de los MMI, a nivel mundial, buscan dar legitimidad al discurso de la globalización, que vuelve más opaco el liderazgo masculino. Por lo tanto, es un gran desafío la construcción de experiencias innovadores de educación en favor del pensamiento crítico, que con apoyo de discursos literarios como mediación pueden propiciar el conocimiento de la realidad. Ese discurso, que implica “ignorar” la realidad, propicia la esquizofrenia. Favorece la educación bancaria, analizada por Paulo Freire (Pedagogía del oprimido, 1970), orientada a convertir a los estudiantes en “objetos”, en vez de favorecer el surgimiento el conocimiento crítico. Esa educación domesticadora, elitista y de entrenamiento para ser competitivos, predomina en la mayoría de las escuelas, sin ser cuestionada. Las estructuras tradicionales (cultura, familia, religiones y educación bancaria) han servido como engranaje para la reproducción del patriarcado.

 

Patriarcado y devaluación de las vivencias de mujeres

Los orígenes del patriarcado – como sistema de control social, ejercido por los hombres sobre la vida, los cuerpos y la mayoría de las acciones de las mujeres, a las que oprime e “ignora o devalúa” sus vivencias y conocimientos (Kariuki, 2006, p. 65) – se pierden en la noche de los tiempos. En diversas mitologías de creación del mundo, se supone que el hombre apareció primero “ganando de ese modo, una posición jerárquicamente superior” que le permite “gobernar” el destino de la mujer. En ese marco se ha construido un imaginario social en torno a la mujer, como un “ser diferenciado e inferior” frente al hombre, tanto en la familia como en la sociedad. “Esto significa – sostiene la escritora mozambiqueña Paulina Chiziane – que la difícil situación de la mujer fue creada por Dios y aceptada por los hombres en el principio del mundo” (2013, p. 1). En Ghana, observaba la escritora Amma Darko (1998, p. 3), si naces mujer, tienes que aprender a rezar: “Porque lo necesitarás, desesperadamente”. En Kenia se considera que solo el liderazgo masculino es legítimo (Kariuki, 2006). Las mujeres han sido silenciadas, oprimidas y reducidas, por un lado, como objetos de deseo, de posesión y por lo tanto tienen “obligación” de ser atractivas para los hombres y, por otro, a sus “deberes reproductivos” y al cuidado de la vida. Ser mujer implica una forma de aprendizaje, vinculado con un contexto sociocultural e histórico específico.

En términos generales, la desigualdad entre mujeres y hombres gira en torno a la violencia (física, emocional, sexual) que – salvo algunas excepciones – es asumida como parte de la esencia de los hombres, mientras que a las mujeres se les “educa” para guardar silencio y ser sumisas. En Sudáfrica, en la era del apartheid, mujeres y hombres adultos, de piel negra, tenían que abandonar sus hogares en zonas rurales para trabajar en áreas “exclusivas para blancos”, pero siempre se quedaba en el hogar una mujer que debía cumplir las “tareas propias de su género”: barrer, limpiar, cocinar y cuidar a niños y ancianos (Kuzwayo, 1985, p. 82).

En sociedades indígenas de América Latina y de África subsahariana se identifica a la mujer con la tierra (la Madre Tierra), porque las mujeres – como la tierra – son portadoras de vida: en ambas reside la sobrevivencia de la humanidad (Chiziane, 2013, pp. 5-6). Sin embargo, el cuidado de la vida – como la destrucción cotidiana de nuestro sistema mundo – debe ser una responsabilidad colectiva, que involucra a todos los seres humanos.

 

La propuesta metodológica de base

Estos planteamientos permiten entender mejor la construcción de la propuesta educativa, en especial la elaboración de la “Metodología para el Rescate de lo Cotidiano y la Teoría” (MRCyT). La necesidad de trabajar colectivamente la relación política y epistemológica de construcción de conocimientos entre sujeto-objeto-metodología para “Leer la Realidad” ha sido el núcleo de esa metodología, que tiene la finalidad de mediar entre sujetos – los estudiantes – y la realidad educativa, cultural y sociopolítica en la que viven. En el ámbito universitario, la mediación educativa es esencial. No se puede recurrir a metodologías universales, falsamente neutras y pretender aplicarlas en cualquier contexto educativo.

Es fundamental poner en tela de juicio la relación docente y estudiante y la imposición del uso de pantallas en los procesos educativos, en especial en los países del Sur Global, que pueden implicar la supresión de la participación estudiantil, tienen un carácter clasista – lo que puede acentuar la desconexión entre realidad virtual y realidad real – e impulsar la relación bancaria. Desde el inicio de esta experiencia, la lectura de la realidad educativa como un esfuerzo colectivo ha implicado la participación estudiantil, en la cual las mujeres tienen un papel central, estimulando sueños y utopías. Así surgió la Pedagogía Erótica, como construcción de esta praxis educativa. 

El erotismo […] como pararrayos de la descarga eléctrica del sexo y, por lo tanto, como metáfora de vida y de muerte, de Eros y de Tánatos […] reprime la lucha incesante entre placer y muerte. Por ello, el erotismo puede impulsar la construcción de una ética de vida erótica, en el sentido de posibilitar la expresión de esa energía libidinosa, que haga explotar el deseo individual y colectivo de transformar el mundo, de hacerlo más humano, de crecer y compartir afectos y luchas. Pero también, ese mismo erotismo puede quedar preso en la muerte, en el miedo a entender y manejar autónomamente la sexualidad, a no poder controlar la imaginación que la acompaña, la búsqueda permanente de placer y refugiarse en la perversión tanto de los instintos primarios del ser humano como del poder político, religioso, escolar, atento para reducirlo a una supuesta maldad del placer carnal, sinónimo de crueldad que debe ser aniquilada, reprimida, impedida (Escobar, 2012).

Al estudiar la perversión capitalista – Tanática – y sus consecuencias en el salón de clases, nos dimos cuenta de que, por su naturaleza liberadora-emancipadora, esta experiencia debía enfocarse en los aspectos positivos. Era necesario anteponer el Eros, como expresión de sueños y utopías. 

Es frecuente que se ataque, en “forma silenciosa”, el estudio del erotismo en el aula. No se trata de cursos sobre la sexualidad, limitada a su función de reproducción y gozo del cuerpo, sino de la responsabilidad de asumir, frente al discurso patriarcal, que somos cuerpos – como seres sexuados – y de cómo el capitalismo nos convierte en mercancías desechables. El discurso literario permite entrar en un espacio real y virtual, estimulando el imaginario social.

 

Tecnología y procesos educativos 

Con el auge de los desarrollos tecnológicos, la mayoría de los MMI han adquirido relevancia, como mediación deficiente, al difundir noticias que trastocan la realidad y que transmiten las fantasías del mundo ideal de la globalización. Las pantallas – celulares, computadoras y televisores – y, en menor medida, la radio (que los jóvenes urbanos difícilmente oyen) parecen ser el único medio de informarse para una población que lee poco, en especial en el Sur Global. La imagen de la pantalla y/o la lectura rápida de redes sociales cierran las posibilidades de organización y de construir conocimientos para asumirnos como sujetos con pensamiento crítico. Esto sin olvidar el papel fundamental que, en ciertos momentos históricos y contextos específicos, han jugado las redes sociales, como en la mal llamada “primavera árabe”, en los movimientos de indignados, en las movilizaciones juveniles en favor de la democracia en Hong Kong y en las convocatorias de protestas feministas en distintas partes del mundo.

La sobrevaloración de los avances de la tecnología en procesos educativos propicia la desconexión de la realidad (Desmurget, 2020; Morelie, 2019) e inhibe las experiencias alternativas de educación. Jean Morelie, física, filosofa y profesora especialista en algoritmos, en su libro utiliza una metáfora, basada en el cuento Alicia en el país de las maravillas. En esa metáfora, Alicia puede traspasar su realidad y penetrar detrás del espejo, en un mundo virtual, desconectándose de su realidad. Alicia no puede diferenciar la realidad real de la virtual. El espejo es un mundo virtual que, al atravesarlo, le permite entrar en su mundo mágico. El espejo – señala Morelie – es un algoritmo, una inteligencia artificial, la representación matemática, numérica de un fenómeno para realizar estimulaciones. Para esta autora esa metáfora permite entender mejor la relación entre realidad real y virtual. 

Más allá del cuento de Lewis Carroll, observa Morelie, ese mundo virtual ya existe y puede ser importante para comprender el mundo real, que ella utiliza frecuentemente en su investigación. Su estudio es relevante, pero tiene limitaciones importantes, en la medida en que la denominada inteligencia artificial no existe (es generada por el trabajo de seres humanos, mal-pagados y explotados). Por otro lado, y sin demérito de su trabajo literario, no se puede ignorar que Lewis Carroll – seudónimo de Charles L. Dodgson – era amante de la pornografía infantil y a partir de su colección de fotografías creó el personaje de Alicia (Springora, 2020).

 

Algunos intentos para rehacer el mundo

A pesar del papel predominante y nocivo que desempeñan las mediaciones socialmente construidas con la finalidad de provocar la desconexión con el mundo real, existen distintos esfuerzos para intentar rehacer el mundo, como afirmaba Camus. Esos esfuerzos están vinculados con el contexto histórico y social en el cual se gestan, tomando en cuenta que el desarrollo de las distintas sociedades es complejo y plural. 

La lucha de las mujeres en contra de las estructuras patriarcales, y de la violencia que éstas generan, no es un fenómeno reciente, surgió y se ha desarrollado en movimientos orgánicos profundos, por lo general no perceptibles a simple vista, con momentos de rupturas y de avances. Algunas expresiones de esa lucha han adquirido notoriedad al romper el silencio al que han estado sometidas las mujeres, demostrando que no son ingenuas. Por lo general surgen como grupos pequeños de mujeres que comparten vivencias. En ocasiones desarrollan estrategias de lucha y de ayuda para mujeres que son víctimas de la opresión patriarcal. 

En el nivel internacional, la aceptación de los derechos humanos de las mujeres esta atrasada en comparación con los avances de los movimientos de mujeres. Un paso adelante fue dado en 1979, cuando fue aprobada en el foro de las Naciones Unidas la “Convención para la Eliminación de la Discriminación en contra de las Mujeres”, con el reconocimiento de sus derechos políticos, económicos y sociales. Sin embargo, en un informe realizado al inicio del siglo XXI se afirmaba que en el terreno político las mujeres – en especial las jóvenes – habían logrado mayor visibilidad, aunque no se registraba ningún impacto en el terreno económico y sus resultados eran parcialmente negativos en los derechos sociales, sobre todo en los países del Sur Global. Las activistas políticas y sociales, en diferentes partes de mundo, son víctimas de ataques físicos, intimidación y hostigamiento (Cole, 2012, pp. 1-5; Krook, 2017, pp. 74-78).

En octubre de 2017 un grupo de mujeres, en Estados Unidos, inició en redes sociales (Twitter, Instagram) un movimiento con el hashtag #MeToo. La finalidad era denunciar a hombres poderosos (políticos, empresarios, del mundo artístico y cinematográfico) que habían cometido – por lo general una década antes – abusos, acoso y violencia sexual en perjuicio de distintas mujeres. En algunos medios de información masiva fueron criticadas por tardar tanto en denunciarlos, sin comprender la angustia sufrida por las afectadas al atreverse a desafiar el poder fálico. Un hecho relevante fue que las denunciantes son figuras destacadas en sus campos, lo que atrajo la atención de los MMI. Aunque sus repercusiones jurídicas han sido limitadas, han tenido un gran impacto sociocultural, generando emoción en otras mujeres, que también han sido violentadas (Overell, 2019, pp. 792-795).

En forma paulatina se convirtió en un movimiento de alcance mundial, con la formación de grupos similares (#MeTooMexico). Aunque se ha cuestionado que solo fueron denunciados hombres poderosos, es indudable que marcó un punto de quiebre en el tradicional silencio de las mujeres, algunas de las cuales habían tenido que guardar en secreto, incluso durante décadas, su sufrimiento y humillación, debido al temor de ser socialmente incomprendidas y “responsabilizadas” por dichas conductas, como si fueran “culpables” y no víctimas.

A finales de 2019, en varios planteles de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) – entre otras, en la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL) – surgió un movimiento femenino “de nuevo tipo” 4, para denunciar y pedir el alto a la violencia en contra de las mujeres. En la FFyL se autodenominaron “Mujeres Organizadas” y durante varios meses lograron paralizar las actividades, al mantener ocupadas las instalaciones de esa Facultad. Situaciones similares se registraron en otras partes de la UNAM, con la denuncia de su estructura patriarcal. Llevaron a cabo movilizaciones en las calles de la Ciudad de México, a veces con uso de la violencia, invitando a diversos grupos y actores a sumarse a su lucha de resistencia, ante una sociedad pasiva. 

El principal esfuerzo de acción transformadora en México es el desarrollado en las comunidades zapatistas y por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) (Comisión, 2015), que decidieron tomar distancia de su práctica de resistencia y organización para analizarla y seguir adelante. Hemos despreciado a la Madre Tierra - sostienen esas comunidades - y no sabemos escuchar sus “latidos”, la tierra - como la madre - tiene corazón. En este mundo globalizado, se está destruyendo la vida, desde los animales, los bosques, los mares, hasta la de los seres humanos. 

El testimonio permanente de las mujeres zapatistas, que se denominan a sí mismas “Las mujeres que luchan”, permite apreciar su identificación con otros movimientos de mujeres, como el de las “Mujeres Organizadas” de la FFyL. Los múltiples comunicados del EZLN y los escritos del SubMarcos/Galeano son una invitación permanente a sensibilizarnos con la necesidad de tomar enserio la responsabilidad de construir un pensamiento crítico transformador, para participar en la construcción de otro mundo, que en sus comunidades ya es una realidad.

En diversos países de África subsahariana han surgido movimientos de mujeres, que reclaman el fin de la violencia, tanto laque afecta a toda la sociedad (guerras y conflictos intercomunitarios) como la violencia doméstica. En esas formas de violencia y en el impacto socioeconómico por la epidemia de la Covid-19, las mujeres (y sus niños) son las principales víctimas.

 

Los discursos literarios como mediación para la lectura de la realidad 

Esta experiencia alternativa se apoya en el análisis crítico de algunos discursos literarios como una forma de mediación entre el texto y la realidad social, tomando en cuenta que la literatura tiene un vinculo dialéctico con la realidad social y que se nutre de prácticas sociales.

La escritora nigeriana Molara Ogundipe-Leslie (1994, pp. 43-45) destacaba que la literatura puede aportar datos para los estudios en torno a las mujeres. La literatura imaginativa (como las novelas) son un espejo de la sociedad, pero no como un simple reflejo, sino en una dimensión compleja y dialéctica, para profundizar en incidentes y realidades de las mujeres y de las sociedades (como valores éticos y normas), de las cuales son una parte integral. Además de didáctica, la literatura divierte, favorece la socialización y puede ser una forma de protesta, cuya represión permite apreciar que los poderes locales reconocen su importancia y su potencial para favorecer el pensamiento crítico.  

Las obras literarias son una forma de mediación socialmente construida, para mirarnos y descifrarnos en nuestro espejo. Algunas nos invitan a ir “al otro lado del espejo” y poder entender teorías y conceptos que posiblemente habían sido simplemente memorizados en forma acrítica. La literatura, en especial la imaginativa, estimula la imaginación y la creatividad y puede permitir a tomar distancia de la realidad virtual y de la real.

La experiencia de educación alternativa abordada en este escrito se han utilizado diversos discursos literarios, tanto narraciones histórico-biográficas-relatadas desde la óptica de las víctimas-como novelas. Pueden mencionarse, entre otras, obras: La madre de Máximo Gorky, La peste de Albert Camus, Ensayo sobre la ceguera de José Saramago, 1984 de Gorge Orwell, La démesure. Soumise à la violence d’un père de Celine Raphaël, Le Consentement de Vanessa Springola, On ne naît pas soumise on le devient de Manon Garcia, Le bal des folles de Victoria Mas, Otages de Nina Bouraoui, y Le pays des autres de Leïla Slimani. En el libro Dans les geôles de Sibérie, de Yoan Barbereau, el autor se sitúa entre la realidad y la ficción.

En esos discursos literarios se pueden identificar algunas categorías analíticas, que en la función figurativa del lenguaje pueden guiar a estudiantes y docentes en la lectura de su realidad y estimular el pensamiento crítico. Esas categorías están dialécticamente vinculadas entre sí, denuncian estructuras de dominio, discriminación y poder – como sostienen Huckin, Andreeus y Clary-Lemon (2012) – que posibilitan la identificación de los participantes en esta experiencia con su propia realidad (como la sumisión y el silencio de las mujeres ante las estructuras patriarcales) y, al mismo tiempo, implican la apertura de su erotismo, entendido como expresión de sueños y utopías. 

Entre estas categorías destacan: las dinámicas negativas que emergen entre autoritarismo y represión; entre autoritarismo, filicidio, fratricidio y parricidio; entre la crueldad y distintas formas de mediación que distorsionan la realidad (en especial en el ámbito familiar); y entre la crueldad inherente de las estructuras patriarcales y la sumisión y el silencio de las mujeres. Además, la ceguera social que impide ver el mundo y el antagonismo entre crueldad y utopía.

En la obra La madre, el autor destaca la importancia de una lectura crítica de la historia de la represión y del autoritarismo, en ese caso en la Rusia zarista. La madre del protagonista fue tomando consciencia de lo que significaba vivir en silencio, gracias al compromiso de su hijo. Al final, la madre opta por participar, en la medida de lo posible, para denunciar la dinámica negativa entre represión y autoritarismo, asumiendo su decisión y sus consecuencias. 

En La peste se aborda una epidemia producida por ratas, cuyas secuelas nocivas son comparadas con los efectos de la Segunda Guerra Mundial. El principal protagonista de la novela (Dr. Rieux), como médico, se involucra en la lucha contra la epidemia. Es interesante la forma cómo el autor aborda la coherencia profesional del Dr. Rieux, quien - sin juzgar a otras personas - dialoga con otros personajes. Aunque durante la epidemia muchos de sus amigos mueren, el protagonista defiende la existencia que, aunque sea absurda, es importante comprometerse con la vida. Al final de la novela, a pesar de todo - incluida la muerte de su esposa - el protagonista piensa que en el ser humano hay cosas más dignas de admiración que de desprecio. 

En Ensayo sobre la ceguera se narra por qué existen ciegos que ven y no ciegos que, viendo, no ven la realidad en la que viven y desatan su crueldad: vivimos en la sociedad de la ceguera y la perversión 5. En ese mismo contexto se puede ubicar la novela 1984, en la cual el autoritarismo del partido único llega a situaciones extremas, al pretender suprimir el erotismo con la tortura.

En el libro Dans les geôles de Sibérie, entre la realidad y la ficción, el autor describe el horror de la dinámica negativa entre filicidio-parricidio-fratricidio, ejercida por un sistema autoritario contemporáneo – el ruso. El protagonista es un francés, casado con una mujer rusa. Ella se convierte en la principal cómplice del poder autoritario. En esta obra se aprecia un manejo hábil que combina el amor, el sexo, la prisión, el hospital psiquiátrico, la tortura y la arbitrariedad del régimen. El autor narra acontecimientos reales, que sucedieron en años recientes, a los que añade algo de ficción. En la obra La démesure. Soumise à la violence d’un père, la autora aborda una historia real, que expone la violencia sin límites de un padre, ante el silencio cómplice de la madre. 

Tanto en el relato autobiográfico de Vanessa Springora, como en las novelas de Leïla Slimani, Victoria Mas, Nina Bouraouiy, y Céline Raphaël, se exponen temas como el racismo y la sexualidad, en especial describe la crueldad a la que fue sometida la protagonista a la sombra del sistema patriarcal, que obliga a la mujer a callar y aceptar: así son las cosas.

Céline Raphaël (2012), autora y protagonista de una vivencia de terror, explica cómo – desde que tenía dos años y medio de edad – sufrió la crueldad en el núcleo familiar. En esta obra se aprecia que no se respeta a las niñas y a los niños, como seres humanos. Se ejerce el filicidio simbólico, que tiene múltiples manifestaciones, desde la educación punitiva, el abandono, el maltrato físico, hasta las guerras emprendidas por la elite en el poder, que no tiene reparos para mandar a matar a sus hijos e hijas (Escobar, 2012, p. 120). Se supone que la crueldad es una práctica de clases bajas, pero Céline Raphaël pertenece a la clase alta. Su historia es reciente y sucedió en Francia. La madre, una mujer débil, fue una mediadora deficiente, que se sometía al patriarcado del padre, quien decía a Céline que ella era peor que un perro, lo que la marcó, como ella explica, en su cuerpo y sangre. Por fortuna, en su escuela encontró una enfermera que supo escucharla y apoyarla. 

Vanessa Springora – como víctima – describe la seducción de un predador sexual. Al exponer su vida, demuestra el valor de salir del silencio, denuncia el mutismo cómplice de su madre y la ausencia de su padre, además del consentimiento social ante la situación de opresión de muchas mujeres. Expresa los trastornos que la crueldad produce en el desarrollo de la personalidad y las consecuencias emocionales y físicas de su experiencia con un predador sexual, cuyos delitos quedaron impunes debido a que era un escritor famoso y contaba con el apoyo de reconocidos intelectuales (Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Françoise Dolto, Louis Althusser y Jacques Derrida, entre otros) y hasta de un presidente francés. Era una época más permisiva, pero no los exime de su culpabilidad.

En la novela histórica Le bal des folles, Victoria Mass narra acontecimientos que eran frecuentes en los siglos XVII y XIX. Algunos padres, en una conducta filicida y psicopática, al igual que ciertos esposos, enviaban a mujeres calificadas como “alienadas” a hospitales psiquiátricos. Era una de las formas más denigrantes para tratar a las mujeres, al acusarlas de ser hechiceras o alienadas y así convertirlas en “objetos desechables”. En la novela, la protagonista es denunciada por su madre y traicionada por su abuela, a quien contaba sus confidencias y fantasías, como su idea de que hablaba con la Virgen, los santos y el Espíritu Santo. Su padre, molesto porque ella cuestionaba su autoridad patriarcal, la envía a un hospital psiquiátrico, para deshacerse de ella. Este tipo de hechos se pueden reproducir hoy en día, aunque de formas distintas.

En otra novela, Otages, se aborda la historia de una mujer, sometida al patriarcado de su marido y de su patrón, quienes le imponen el silencio y la obligan a llevar una vida – como se expresa en el título de la novela – de rehén

En algunas novelas recientes se exponen los efectos potenciales de las clases virtuales. Por ejemplo, Une machine comme moi, de IanMcEwan, narra una relación de pareja en la que un robot se enamora de la mujer. El autor aborda tópicos polémicos, como la inteligencia artificial y sus limitaciones. En La fabrique du crétin digital, Michel Desmurget, científico neurólogo que argumenta cuáles son los efectos del “cretino digital”, advierte del peligro que para la educación implica el uso de las pantallas, especialmente en infantes, además del mal uso de la tecnología digital. En este renglón, también destaca el libro, ya mencionado, de Jean Morelie, física y filósofa, De l’autre côté de la machine. Voyage d’une scientifique au pays des algorithmes.

 

A manera de conclusión

Como se plantea al inicio de este trabajo, el objetivo es presentar los aspectos principales de una experiencia de educación alternativa, desarrollada en el salón de clases universitario. Es una experiencia en proceso, que se apoya en discursos literarios como formas de mediación para posibilitar la lectura de la realidad educativa – inserta en un contexto social e histórico – y la elaboración del conocimiento crítico.

Para los objetivos de esta experiencia, el análisis crítico del discurso literario está permitiendo que aflore la imaginación y la creatividad para aportar de contenido social a las categorías derivadas de los discursos literarios, permitiendo cuestionar el uso de conceptos dogmáticos, casi siempre memorizados en forma acrítica. La selección del tema central tiene como finalidad buscar la identificación con las vivencias personales de los participantes en este proceso educativo. 

El apoyo en discursos literarios permite – además de acercar a las y los estudiantes a este tipo de escritos – romper con la monotonía de clases tradicionales e introducir, como afirmaba Ogundipe-Leslie, actividades que, sin perder su carácter didáctico, son divertidas y favorecen la socialización y la comunicación, el involucramiento de los participantes y el surgimiento de la consciencia social, para desmitificar discursos dominantes orientados hacia la desconexión de a realidad y que legitiman el liderazgo masculino, el desinterés por las injusticias y las desigualdades sociales. 

En el caso de las escritoras – explica Ogundipe-Leslie – tienen una doble responsabilidad: pronunciar lo que implica ser mujer y explicar la realidad desde la perspectiva de las mujeres. Esto se puede aplicar a esta experiencia educativa, debido a que los estudiantes tendían a considerarse ajenos a la problemática que enfrentan sus propias compañeras, pero por la mediación de estos discursos literarios son las estudiantes las que asumen la doble responsabilidad de las escritoras, lo que implica que pueden llegar a lograr que sus compañeros tomen consciencia de cuál es la perspectiva de las mujeres.

Este tipo de experiencias tienen limitantes. La primera es que los estudiantes en el campo de la pedagogía difícilmente valoran la importancia de las bellas artes – en particular de la literatura. La segunda está determinada por el auge de la enseñanza virtual, que está recibiendo un mayor impulso en el contexto de la Covid-19, que dificulta la relación educativa. La tercera es el costo de los libros, que estudiantes de universidades públicas difícilmente pueden enfrentar. Por último, estas experiencias tienen un espacio limitado, no se pretende buscar la transformación de la sociedad ni favorecer proyectos de emancipación amplios, sino estimular la autonomía y la imaginación de los estudiantes, con el surgimiento de pensamiento crítico.

El desarrollo de las comunicaciones y de la tecnología, basado en datos, cifras y algoritmos, sin entender sus ventajas y límites, puede favorecer nuevas formas de desconexión con la realidad. Hay análisis que, desde el psicoanálisis sociopolítico, han sido realizados en torno a las sociedades de la tecnología, que permiten identificar algunos de los efectos y consecuencias que favorecen la desconexión de la realidad real, opacada por la realidad virtual.

En el siglo XXI, las y los estudiantes han sido introducidos en el espacio virtual de las pantallas para realizar trabajos que, pocas veces, se acompañan de notas y conclusiones que permitan apreciar la elaboración de su pensamiento crítico. Su referente principal suele ser Google. Esa desconexión de la realidad se expresa en una cierta alerta máxima – una especie de alerta sísmica – para estar pendientes de mensajes múltiples transmitidos por redes sociales (Facebook, Instagram, WhatsApp).

En nuestra propuesta educativa son imposibles las clases virtuales, debido a que no puede sustituir la riqueza de experiencia humana que comparten docente y estudiantes en el aula. Es importante asumir una posición crítica frente a la utilización ciega de tecnologías. No se trata de estigmatizarla sino de saber utilizarla eficientemente, por ejemplo, para la edición de videos, crónicas y películas que acompañan nuestra propuesta.

Es importante mencionar que la presentación de algunos de los problemas referidos a los libros y novelas señaladas tienen el deseo de compartir la forma como las mediaciones socialmente construidas pueden ser otra forma para ir más allá de conceptos dogmáticos y epistemologías de nuestra práctica docente. 

 


[1] Doctora en Ciencia Política, Profesora-Investigadora de tiempo completo. Centro de Estudios de Asia y África, El Colegio de México.

[2] Doctor en Estudios del Desarrollo, Profesor de tiempo completo definitivo. Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional Autónoma de México.

[3] Esa experiencia ha sido realizada por Miguel Escobar Guerrero, en la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

[4] Lucía Álvarez Enríquez lo define como un movimiento “de nuevo tipo”: “con un/a actor/a protagónico/a peculiar, diversificado y, en muchos sentidos, diferente a los movimientos feministas anteriores, sin un liderazgo específico y unificado” (2020, p. 147).

[5] La novela de Saramago puede servir de referente para comprender mejor la propuesta colectiva de la Lectura de la praxis para transformarla.

 

Referencias Bibliográficas

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